domingo, 18 de julio de 2010

Utnapistim


Esta microficción, que escribí en 2008, obtuvo una mención en el concurso Márgenes, organizado por la Universidad de Salamanca, la Fundación El Libro (organizadora de la Feria del Libro de Buenos Aires) y la Agencia Española de cooperación en 2009. Entre los jurados estuvieron los escritores argentinos Ana María Shúa y Raúl Brasca. Los premios se entregaron durante la 35° edición de la Feria del Libro de Buenos Aires en 2009 (ver http://www.el-libro.org.ar/fel/concursos.html ). La ilustración que elegí para este post corresponde a la historieta Gilgamesh el Inmortal, que publicaba la revista D´artagnan, de editorial Columba en los ´80 y cuyos guiones escribía Robin Wood. El dibujo es de Olivera. Acá va la micro. A ver qué les parece.

UTNAPISTIM
Y lo bueno de envejecer es que el mundo te empieza a parecer algo ajeno y poco interesante. Pasa así, de repente. Sentís que ya no es tu mundo. El tiempo en que podías actuar y cambiar cosas. Y te vas desprendiendo de él sin dolor, como las serpientes de su piel cuando es el momento adecuado. Si a eso le sumás las limitaciones del cuerpo, los achaques, te hace parecer que esto de ser mortal viene con un plus, como de amabilidad. Es malo, pero no tanto, pensás. Perverso, pero con bonificaciones. Efímero, pero con un bonus track.

Lo peor que puede pasar a esta altura del camino es encontrártelo a Utnapistim, aquel marciano que conoció Gilgamesh, el de Robin Wood, en la flor de la edad. Y le regaló la inmortalidad.

Si encontrara a Utnapistim alguna tarde en este bar, si él me creyera digno de hacerme el mismo regalo que a Gilgamesh, creo que miraría por la ventana, me detendría en ese mundo ajeno de allá afuera apenas unos segundos. Y el "no gracias" se lo diría con voz firme. Sin sombra de tristeza.

3 comentarios:

  1. Me gustó La condena. Muy gráfico, si tenés posibilidad de chocarte con una novela de un amigo, Conciencia y Voluntad, de Esteban Ruquet; te la recomiendo, puede que vayan para el mismo lado y te influencie sobremanera, o vos a él. Quién sabe...

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